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29 mayo 2012

3M-IN SPAIN: Corazón

Ahora vuelvo a recordarlo. Ahora recuerdo el por qué.

En la tienda de golosinas que hace esquina ha vuelto el sabor de ese dulce caramelo que un día probaste y te enamoró. Hoy la tienda ha cambiado, su fachada es distinta, los estuches donde se guardan, el dependiente, los precios. Todo es diferente salvo ese determinado sabor.

Junto a las viejas golosinas se han incorporado nuevas, de formas y tamaños diversos, bañadas de chocolate blanco o negro, esponjosas, duras como una piedra, picantes hasta no poder articular palabra. Terminas cayendo en la tentación, y las pruebas, y algunas te gustan, incluso repites, y otras las acabas sin aún haberlas terminado de probar.

Pero entre todas, y mirando en aquellas veteranas, la de nueva sonrisa pero vieja receta sigue llevándote a su terreno. Por encima de todas, ella. Puedes estar años sin comerla que un primer bocado te devuelve todo lo que deseas. Mezcla de envidia e indiferencia para las nuevas, inexplicable entre el resto de la antigua escuela. Un único pero importante detalle: esa que te gusta sigue teniendo muestra, pero no esta en venta.

Después de este periodo, de vivencias eternas pero de distancia temporal corta, todo ha cambiado excepto lo que querías que cambiara, y pese a recorrer todo un continente, sigues sin poder alcanzar unos cuantos milímetros de distancia.

Olvídala, te dicen el resto de golosinas.

10 abril 2011

Día 153. Raices

(tan lejos queda ya este 12 de febrero de 2011...)



Les seré sincero. No tenía la más mínima gana de viajar. Llegó un momento que incluso esa ilusión desapareció, perdiendo el equilibrio y apoyándome a ciegas en cualquier cosa que aparentara ser estable. El tropiezo estaba asegurado.

Volví a España, como ya saben, junto con mi gente de toda la vida, y durante 3 semanas pensé, busqué, planifiqué, incluso me desesperé, intentando encontrar proyectos que verdaderamente me arrancaran una sonrisa. Pero no lo conseguí, no fui capaz de levantar mi estado de ánimo, tan golpeado por la falta de vida laboral y sentimental. Faltaban piezas. O eso creía.





Un fin de semana de febrero, aquel donde no esperaba nada y encontré todo, el olor a campo y olivares, el sabor a vino de crianza y el color de la noche andaluza allanó el camino tan pedregoso que había creado, haciendo olvidar por momentos todas las incógnitas que rondaban por mi cabeza. Demasiada bella aquella aldea en mitad de la sierra como para distraer la mente con otras cosas.

En medio de aquel idílico marco bajo el manto de estrellas, ¿quién podía esperar un arco iris? Un torbellino de fuerza y pasión, engalanado con sus más llamativos y vistosos trajes, recorrió el viejo escenario de madera una vez más, causando esa admiración propia de novatos en aquellos que disfrutan el espectáculo por primera vez. Flamenco en estado puro. Cante, toque y baile.






Sólo tenías que fijarte en el rostro de las muchachas para entender lo mucho que amaban el baile. El arranque de sus movimientos, el entusiasmo en cada paso, el arrebato que las hacía flotar sobre el escenario. La recompensa de horas y horas de trabajo, el insistente y firme esfuerzo por mejorar y llegar a ser quien quieres, el perseverante deseo de alcanzar un objetivo, una ilusión. Las piezas que todos tenemos, pero que a veces olvidamos hasta que alguien nos las vuelve a recordar. Los ingredientes para elaborar el plato más sabroso para nuestro paladar.





Junto a la mesa donde bebía y presenciaba la función, un muchacho inglés nacido en Sudáfrica, amante de largas travesías y viajes, aventurero y explorador del planeta, que mantenía su residencia cerca de allí, pero que una vez más sus ansias por conocer mundo acabarían por alejarlo de aquello en breve. Entre descansos y risas me comentó sus próximos objetivos; quería llegar a Roma andando, y posteriormente cruzar toda Europa hasta Moscu. Una locura. Una maravillosa locura. Y todo contado en inglés, ese idioma que ahora empezaba a dominar. El domingo cuando llegué a casa preparé mi regreso a Birmingham.



Los siguientes días cerré el vuelo y miré posibles estudios donde poder alojarme. El 19 de febrero ya pisaba de nuevo suelo inglés, con un abanico de posibilidades tan grande como el propio planeta.

(A Marina y Sonia, por regalarme durante unas horas el placer de acudir a las raíces de mi tierra; a mis padres, por aguantarme esas tres semanas; a Davinia, por su paciencia)

22 enero 2011

Día 128. La penúltima estación

(un complejo entramado de railes y andenes que se instalaron a pocos metros de mi habitación un 18 de enero de 2011)



  • Lo importante es no quedarse en un andén esperando un tren que ya pasó... - me comentó una vez una amiga.




Un impacto de martillo. Unas tablas que caen. Plástico y cartones que terminan cediendo por los golpes. En el cuarto contiguo al mío algo se preparaba, y mi curiosidad terminó por levantarme de la silla y hacerme asomar por la puerta. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me encontré aquella maraña negra de pequeños raíles, distribuidos a lo largo de un tablero que hacía las veces de mesa en un lado de la habitación. Por ellos circulaban por primera vez vetustas locomotoras del siglo pasado, arrastrando tras de si alargados vagones cargados de mercancías. Aún no había túneles, ni puentes, ni siquiera estaciones, pero aquellas locomotoras ya se habían puesto en funcionamiento. Era el comienzo de una maqueta.

El hijo mayor de los Jevons es un enamorado de los trenes. Esta maqueta había sido su mayor ilusión desde hace años; libros, dibujos y juguetes relacionados con el mundo del ferrocarril se agolpaban en la estantería de su cuarto, causantes en gran medida de cultivar esa pasión. Sólo había que mirarle a los ojos cuando los trenes recorrían el tablero para darse cuenta que era lo que había deseado, lo que le gustaba.

Relajaba ver los trenes circular de un lado a otro de la maqueta. No estaban siendo los mejores días de mi periplo por Inglaterra y me agarraba a cualquier bocanada de aire fresco. A la incertidumbre del contrato firmado, cuya agencia de profesores parecía haber olvidado mi nombre en su lista, se estaba uniendo mi impaciencia por aprender el idioma y el desánimo por no recibir ninguna otra llamada de trabajo.

  • Piénsatelo, si decides venir para Londres te podría ayudar… - me comentaba mi amigo Juanki por teléfono horas antes, intentando calmar mi ansiedad – de todas formas, ten paciencia, ya sabes como van estas cosas. Tendrás días buenos, y muy malos en esta nueva etapa, seguro que algo saldrá... pero si decides cambiar y venirte…

Por un momento me planteé si mi estancia en Birmingham estaba llegando a su fin. A lo mejor esta ciudad ya me había ofrecido todo lo que podía, a lo mejor era el momento de coger un tren hacía otro lado, colocando el nombre de Birmingham en la lista de penúltimas estaciones de la vida.


Viendo la felicidad del hijo mayor de los Jevons, siguiendo con la mirada la incesante marcha de los trenes, te das cuenta que su felicidad no la produce el destino al cual van dirigidas las máquinas, ya que los raíles se sitúan circularmente y no tendría sentido el viaje, sino el propio movimiento en sí, el continuo cambio.

29 diciembre 2010

Día 106. Donde empezó todo

(una visión diferente de Málaga, propia de alguien que sólo puede verla con el corazón, que ocurrió un 26 de diciembre de 2010)


Hacía meses que no te veía, y volver a tu lado durante unas horas me lleno de felicidad.





Tantas cosas que quería contarte, tantas anécdotas que había ido acumulando durante mi ausencia, que ninguna salió a relucir, terminando en silencio, con una cerveza en la mano, en una mesa, escuchándote. Por que posiblemente no me satisfacía otra cosa más en ese momento que escucharte, sentirte cerca, saber que pese a la distancia continúas queriéndome, con los mismos aciertos y errores de años anteriores, esos que si faltan los echas de menos. Continúa el olor de los naranjos, el sabor del vino dulce, el incansable sonido de los motores en la Alameda… nada parece haber cambiado en ti.





¿Llegas a acordarte de todo? El tiempo va difuminando los recuerdos, quedando en superficie sólo aquellos más recientes, importantes o absurdos. Pese a esa acción erosiva, me reconoces, por los paseos, por los almuerzos y cenas, por las salidas diurnas y nocturnas, por el trabajo y los ratos de ocio, por las risas y llantos, por los besos y golpes.





Este ratito que paso contigo me llena de energía para los próximos meses, tan inciertos como siempre, con el mismo tinte aventurero, aunque más acentuado y reforzado por lo vivido recientemente. Seguramente allá donde vaya no brille tanto el sol como aquí, o por lo menos no con la misma alegría.

Aquí te dejaré con tu pintor, tu catedral manquita, tu fortaleza árabe, tu teatro romano… y sobretodo con tu gente, la que le da sentido a tu existencia, aportando cada día con su esfuerzo la base de un futuro más prometedor.





No eres la más guapa, pero tampoco necesitas serlo. Ya puedes teñirse de gris y negro, que continuarías iluminando mis ojos cada vez que escucho tu nombre. Despedirme me causa las mismas sensaciones que un fuerte abrazo, un “te quiero mucho” compartido y una rápida huida en coche sin echar la vista atrás. Sé que siempre me estarás esperando aquí, por muchas veces que decida partir, pero que difícil se hace vivir lejos de ti.


(una pequeña representación de los lugares que me han visto crecer, a máxima calidad, pinchando AQUÍ)

09 noviembre 2010

Día 59. ¿Regreso precipitado a España?

(pensamientos en voz alta que me atropellaron un 9 de Noviembre del 2010)

Dreams… esa palabra que repetía mi profesora en la primera semana de clase. Esa palabra que hace que hoy esté fuera de mi país.

¿Qué es un sueño? ¿Cómo definirlo? ¿Es una fantasía? ¿Una ilusión? ¿Acaso un deseo o esperanza sin probabilidad de realizarse? Cuantas veces has escuchado a tu alrededor los sueños de personas, esos deseos que tanto anhelan pero que aún no han llegado a producirse. “¡Qué bobada! ¡Qué ingenuo! ¡Cuantos pájaros tiene en la cabeza!” llegarías a pensar de alguno, viendo volar su imaginación al mismo tiempo que le comienzan a brillar sus ojos.

Los sueños son para los valientes, para los luchadores, para aquellos que imaginan paisajes espectaculares en un folio en blanco, y son capaces de coger un lápiz para intentar dibujarlo. ¿No sabes dibujar? Te aseguro que yo no he aprendido aún a coger bien un lápiz, y pese a ello no reniego de la pintura. Todo es cuestión de ponerse.

Una dulce voz a través de la línea telefónica hizo hoy tambalear todos mis proyectos a corto plazo. Una voz en una lengua conocida. Una voz que escondía tras de sí una oferta de trabajo en Málaga, en mi tierra, sobre educación, y que de aceptarla me colocaría en España a partir de la próxima semana.

Entraba dentro de las posibilidades, pero nunca me la había llegado a plantear. Después de enviar tantos CV en verano a instituciones y colegios, podía ocurrir que ahora se interesaran por mí. Justo ahora. Justo al mes y medio de comenzar a construir mi sueño, cuando todavía no tiene forma definida pero apunta destellos de algo sobresaliente.

Piénsalo. Es volver, pero volver con un trabajo bajo el brazo.

Es el momento de tomar la decisión correcta.

06 septiembre 2010

Zumo de naranja

El fuerte y guapo exprimidor, cargado de colores llamativos, llevaba tiempo observando a la bella media naranja. Ella, tímida y coqueta, paseaba todas las tardes por la encimera de la cocina, y se dejaba querer. Un día el exprimidor y la media naranja entablaron conversación, siempre distendida, donde no faltaban las bromas y las risas. Ella era ingenua e infantil, y usaba muy a menudo su imaginación para contarle al exprimidor bellas historias de príncipes y princesas, de reinos lejanos y mágicos, consiguiendo alejar a los dos de aquella cocina por unas horas; el exprimidor, serio y formal, le seguía la corriente a la media naranja, y lejos de apagar su imaginación, la alimentaba dándole mas juego y participando.

Pese a los consejos de las amigas sobre el peligro de entablar relación con el guapo exprimidor, la media naranja empezó a verlo con buenos ojos y le hizo caso a su corazón: ella era muy feliz junto a él y eso era lo más importante. El exprimidor le seguía a corriente, encandilándola con besos y “te quieros”, y durante meses la media naranja le aportó su sabor frutal y ácido, rellenando el recipiente del exprimidor de zumo.


Una tarde el exprimidor, serio y formal, le comunicó a la media naranja que no quería verla más. Cuando ella, hundida en la tristeza, le preguntó el por qué de su decisión, le contesto: “porque eres débil”. La media naranja se miró al espejo y comprendió las palabras del exprimidor, ya que ahora sólo veía una media naranja estrujada y vacía.



23 agosto 2010

Cuando las paredes hablan

Llega el día en que no puedes escribir más cartas de amor, ya que a la pluma se le acabó la tinta, y en que no puedes dibujar más castillos en el cielo, ya que los lápices de colores no tienen punta. Y todo coincide con el día donde las cuatro paredes, que antes protegían hermosas inspiraciones y conspiraban en verso, se convierten en prisión de lágrimas y corrillo de suposiciones y rumores.

- ¿A dónde vas? – me dice uno de los gruesos muros de hormigón – No te vayas… estaba pensando en que, quizás, después de lo ocurrido, ella quiera olvidarte y soñar con personas más alegres, con mala sangre…


- ¡Cállate! Tú que sabrás de esto…


Si te paras a pensar un momento, lo sabe todo. Por que entre esas cuatro paredes te has ilusionado, te han visto enamorado, te han visto suspirar por volver a revivir los momentos más dulces. Ellas han sido cómplices de tus travesuras para conquistarla, y ahora quieren ser partícipes de la soledad que te acompaña.





Menos más que en casi todas las habitaciones hay ventanas por las que entra luz, y en todas, una puerta por la que poder escapar.




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