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06 septiembre 2010

Zumo de naranja

El fuerte y guapo exprimidor, cargado de colores llamativos, llevaba tiempo observando a la bella media naranja. Ella, tímida y coqueta, paseaba todas las tardes por la encimera de la cocina, y se dejaba querer. Un día el exprimidor y la media naranja entablaron conversación, siempre distendida, donde no faltaban las bromas y las risas. Ella era ingenua e infantil, y usaba muy a menudo su imaginación para contarle al exprimidor bellas historias de príncipes y princesas, de reinos lejanos y mágicos, consiguiendo alejar a los dos de aquella cocina por unas horas; el exprimidor, serio y formal, le seguía la corriente a la media naranja, y lejos de apagar su imaginación, la alimentaba dándole mas juego y participando.

Pese a los consejos de las amigas sobre el peligro de entablar relación con el guapo exprimidor, la media naranja empezó a verlo con buenos ojos y le hizo caso a su corazón: ella era muy feliz junto a él y eso era lo más importante. El exprimidor le seguía a corriente, encandilándola con besos y “te quieros”, y durante meses la media naranja le aportó su sabor frutal y ácido, rellenando el recipiente del exprimidor de zumo.


Una tarde el exprimidor, serio y formal, le comunicó a la media naranja que no quería verla más. Cuando ella, hundida en la tristeza, le preguntó el por qué de su decisión, le contesto: “porque eres débil”. La media naranja se miró al espejo y comprendió las palabras del exprimidor, ya que ahora sólo veía una media naranja estrujada y vacía.



23 agosto 2010

Cuando las paredes hablan

Llega el día en que no puedes escribir más cartas de amor, ya que a la pluma se le acabó la tinta, y en que no puedes dibujar más castillos en el cielo, ya que los lápices de colores no tienen punta. Y todo coincide con el día donde las cuatro paredes, que antes protegían hermosas inspiraciones y conspiraban en verso, se convierten en prisión de lágrimas y corrillo de suposiciones y rumores.

- ¿A dónde vas? – me dice uno de los gruesos muros de hormigón – No te vayas… estaba pensando en que, quizás, después de lo ocurrido, ella quiera olvidarte y soñar con personas más alegres, con mala sangre…


- ¡Cállate! Tú que sabrás de esto…


Si te paras a pensar un momento, lo sabe todo. Por que entre esas cuatro paredes te has ilusionado, te han visto enamorado, te han visto suspirar por volver a revivir los momentos más dulces. Ellas han sido cómplices de tus travesuras para conquistarla, y ahora quieren ser partícipes de la soledad que te acompaña.





Menos más que en casi todas las habitaciones hay ventanas por las que entra luz, y en todas, una puerta por la que poder escapar.




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