La larga historia del Mont Saint-Michel habría comenzado en el año 708, cuando Aubert, obispo de Avranches, hizo elevar en el Mont-Tombe un santuario en honor del Arcángel. El monte se convirtió rápidamente en un lugar importante de peregrinaje. En el siglo X, los benedictinos se instalaron en la abadía mientras que abajo se desarrollaba un pueblo. En el siglo XIV se extendió hasta el pie del peñasco.
DIARIO 3.0. Lisboa, en 8 clicks
Fotos tomadas en diciembre de 2012, un paréntesis dentro del crudo invierno..
DIARIO 2.0. Liubliana la bella
Bohemia a más no poder, con la música anónima que nunca falta por su calles, con su río que actúa a modo de calmante, con mercados y vendedores ambulantes, con parques donde no encuentras el final, con castillos por conquistar, con puentes donde poder dejar tu candados de enamorado...
CAJON DESASTRE. Olvida el rescate
No merece rescatarse aquello que no merece la pena. Y desde hace tiempo te miro con ojos de ternura, recordando ese pasado tan próximo como lejano, y no dejo de suspirar...
DIARIO 2.0. Latidos de Zagreb
Un par de plátanos, unas manzanas y unas peras fueron el motivo de discusión de una joven con el frutero. Ella agitaba los brazos violentamente de arriba abajo al mismo tiempo que era recriminada por el vendedor con palabras subidas de tono...
DIARIO 2.0. Venecia, la ciudad de los canales
Cuando llegues, pasa de comprar mapa. Piérdete por ese mágico trazado sinuoso de calles, canales, callejones, callejuelas y patios. Deja escapar el tiempo rodeado de ese espectáculo de ladrillo y agua. Encontrarás vías y puentes rotulados con grandes letreros que indican la dirección hacia los lugares de referencia más importantes...
22 mayo 2011
Día 226. Saint Michel
La larga historia del Mont Saint-Michel habría comenzado en el año 708, cuando Aubert, obispo de Avranches, hizo elevar en el Mont-Tombe un santuario en honor del Arcángel. El monte se convirtió rápidamente en un lugar importante de peregrinaje. En el siglo X, los benedictinos se instalaron en la abadía mientras que abajo se desarrollaba un pueblo. En el siglo XIV se extendió hasta el pie del peñasco.
19 mayo 2011
15 mayo 2011
Día 224. Ocio a la francesa
Día de mercado en la explanada pegada al puerto costero. Los comerciantes hacen su agosto mientras a su alrededor terrazas y atracciones de feria aprovechan para también captar clientes, clientes que buscan en su tiempo de ocio algo más que unas compras. Aunque si eres de los que prefiere comprar y llegar pronto a casa, disfruta en el apartamento o barco de tus nuevas adquisiciones, que nada interrumpa ese momento.
El atardecer pega a la puerta y que mejor forma de regocijarse con él que dar un paseo por el costa, ya sea andando, o en el pequeño tren turístico que recorre de punta a punta la población. Si te gustan actividades más dinámicas, lo tuyo es el club de tenis, de hípica, o de vela y submarinismo, donde podrás soltar adrenalina y prepararte para una larga noche.
Una noche cargada de restaurantes y terrazas que pondrán a tu disposición la mejor comida francesa, el aperitivo para entrar en el casino, el edificio por excelencia de la medianoche, donde podrás poner tu dinero al servicio del azar. El entretenimiento esta asegurado, y siempre te quedarán luego los pubs y discotecas, lugares donde dejar lo ganado en cócteles o ahogar el infortunio en alcohol y posteriores bailes. Porque al final siempre te debes sentir ganador en Trouville.
Así fueron las sensaciones que me dejó Trouville-sur-Mer, una población francesa de la Baja Normandía acostumbrada a un turismo de alto poder adquisitivo, tranquila en apariencia pero incapaz de ocultar su estatus, reflejado en el tamaño de las hermosas viviendas unifamiliares, lujosos barcos y modernos deportivos. Un lugar muy diferente de la costa oeste de Normandía, menos salvaje, más prohibitiva. Ocio a la francesa.
(disculparme por la tardanza en publicar, a ver si consigo recuperar mi ordenador de la UVI y ponerme al día; mientras, disfruten con las fotos de esta región, a máxima calidad, pinchando AQUÍ)
09 mayo 2011
Día 223. Caen, contra todo pronóstico
Era sorprendente el calor que hacía, más propio de mi tierra que del norte de Francia. Paramos a descansar en unos escalones de piedra situados en la base interior de los muros del Castillo. Daba sombra y se agradecía.
Acabábamos de visitar el Castillo Ducal de Guillermo el Conquistador, un recinto que albergaba varios museos y la iglesia de Saint-Georges, transformada en sala de exposiciones temporales, con esculturas que rompían la delgada línea de la originalidad para convertirse en absurdas. Desde allí, asomándote desde cualquier torreón, se podía disfrutar de vistas espectaculares de la ciudad. En primer término, la iglesia de Saint-Pierre, que aunque estaba parte de su fachada en proceso de restauración no perdía un ápice de belleza, y entre la jungla de bajos tejados oscuros y delicadas chimeneas, sobresaliendo con autoridad, la abadía de los Hombres, de donde veníamos.
Saqué de la mochila un plano de Caen y me puse a trazar en él rutas imaginarias.
- Salimos de aquí, hemos recorrido todo esto… – continúe avanzando con el dedo por el papel - ¡no esta nada mal para unas cuantas horas!
- No, nada mal- secundó Manuel.
No era tan grande la ciudad, pero la ubicación del hostal hacía que tuviéramos que caminar un buen trecho antes de alcanzar el centro histórico, antes de alcanzar la iglesia de Saint-Étienne, la primera gran edificación que nos recibe.
La abadía de los Hombres (actualmente iglesia abacial de Saint-Étienne o San Esteban) es una de las dos grandes abadías, junto con la abadía de las Damas, fundadas en Caen por Guillermo el Conquistador en el siglo XI. Los restos más antiguos de la misma se corresponden al estilo llamado de arquitectura normanda, una variante de la arquitectura románica. Un paseo por la Plaza de Louis Guillouard y las explanadas cercanas sirve para comprender las dimensiones de esta construcción y su esplendor, intacto con el paso del tiempo por fortuna.
Y es que fue un lugar afortunado, ya que pudo escapar de los bombardeos que asolaron Caen en 1944, causando la muerte de miles de personas y la destrucción del 70 % de la ciudad. La Segunda Guerra Mundial también dejó aquí una profunda cicatriz difícil de olvidar. La reconstrucción dio lugar a la creación de grandes avenidas rectilíneas, bordeadas por edificios de unas cinco plantas de toque tradicional.
Pese a seguir azotando el sol, era el momento de continuar. Guardé el plano y nos despegamos de las murallas del Castillo. La ciudad aún tenía muchos rincones capaces de crear admiración, y su sello de identidad, marcado por sus tranvías, sus casitas de tejado oscuro en pendiente, su colección de añejas iglesias y su repertorio de quesos, terminaría dejando huella. Una agradable sorpresa.
(todas las fotografías de este bella ciudad francesa, a máxima resolución, pinchando AQUÍ )
30 abril 2011
Día 221. El desembarco de Normandía
- Es posible… - continué pensando en voz alta – que sean de aquella época, ya que se ven muy antiguas, incluso de algunas solo quedan unos cuantos maderos.
(Si quieres ver de nuevo la costa de Normandía en el siglo XXI, pero esta vez a máxima calidad, pincha AQUÍ )

