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Mostrando entradas con la etiqueta Vivencias. Mostrar todas las entradas
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09 abril 2012

Vivencias (XII). Agua y fusta

La semana pasada, mientras tomaba el té en compañía de amigos eslovacos, me regalaron una fusta de madera con un lazo rojo atado en un extremo. Lo primero que pensé fue “¿Y esto?”

- Para el próximo lunes – me dijeron.

Y es que este país no deja de sorprenderme. Una costumbre que tienen en época de Semana Santa es empapar y “pegar” a las mujeres el lunes después del Domingo de Resurrección. Cogen un cubo de agua, se lo echan por encima, y luego se les azota suavemente con esa especia de fusta cargada de tiras de tela (todo bajo un ambiente de broma y cachondeo, me repitieron una y otra vez).
Cada vez entiendo menos.

10 marzo 2012

Vivencias (XI). Hrad Krásna Hôrka - spomienka

Ruido de sirenas. Caras de preocupación. Todos delante de la radio y televisión escuchando las últimas noticias. Alguna que otra lágrima furtiva. Muchas imágenes y recuerdos que empezaban a ser devoradas por las llamas.

Una de las tardes más tristes de la historia de Roznava. La ciudad se ha levantado esta mañana frotándose los ojos aún incrédula por lo vivido ayer. Su símbolo y parte del patrimonio cultural de Eslovaquia fue convertido en pocas horas en ceniza, ante la impotencia de bomberos y personal que acudió voluntariamente al lugar.

El vacío creado es enorme, pero ya todos esperan impaciente tu regreso, Krásna Hôrka.

17 febrero 2012

Vivencias (X). Derribando indecisiones.

El estallido de los bolos caer me devuelve a la realidad.

- ¿En que pensabas?
- Nada importante… - contesto.

A veces se me nota demasiado mi ausencia del lugar, alejándome con la mente a otros rincones del planeta. Preocupación, desazón, o simplemente un rato de desconexión. En este caso, el porvenir. Desde hace unas semanas el futuro ha pegado a la puerta de mis inquietudes, entregándome un cuestionario de preguntas que intento responder sin mucha fortuna. Tengo muchas dudas.

Mi turno. Me levanto calzando unos rimbombantes zapatos blancos y negros y me dirijo al grupo de bolas de colores de diferentes pesos y tamaños. Todas dispuestas a rodar por la pista hasta impactar. Me llama la atención la amarilla, pero la veo muy pequeña. En cambio, la rosa es más grande, pero seguramente más pesada y difícil de orientar. De nuevo, dudas. Entre la amarilla y la rosa, la azul.

- La azul entonces, a ver como me va con la azul… - comento para mis adentros.

En Roznava no hay cines, ni McDonalds, ni muchas otras cosas, pero tenemos pistas de bolos, dos pistas para ser exactos, y suelen ser uno de los lugares preferidos, junto con la pista de hielo, para pasar un rato con los amigos, romper con tus indecisiones y de paso y si es posible, derribar algún bolo.

02 febrero 2012

Vivencias (IX). Menos treinta

Parte meteorologico para hoy: cielos practicamente despejados con temperaturas que rondaran los menos 15-20 grados, llegando en algunos puntos de la noche a alcanzar los menos 30. Menos 30 grados. Me duele leer lo último.

No nieva, pero las últimas nevadas caídas hace 10 días hacen que el paisaje siga de color invernal. Un gélido viento se come las sonrisas y palabras de la gente del lugar, que prefiere agachar la cabeza e intentar ocultarse entre la cantidad de ropa que lleva encima. Peligrosas capas de duro hielo cubren muchas extensiones de terreno y el riachuelo que atraviesa la ciudad ha desaparecido bajo una grueso manto blanco. Tampoco he podido comprobar más, únicamente el camino de la escuela a casa y de la casa a la escuela. Desde hace praticamente 2 semanas estar en la calle se convierte para mi en una tortura, y paso las horas tapado con mi manta azul hasta arriba dentro de casa.

Una ola de frio golpea estos días el país. Según las últimas noticias, Europa central y del este están bajo la influencia estos días de un frente polar procedente del sur de Siberia que ya ha causado más de 89 muertos.

Mi mente esta atrofiada por el frio, me cuesta horrores estudiar, estoy siempre cansado y paso la mayoría del tiempo en habitaciones cargadas de luz artificial. La adaptacion es muy dificil para alguien proveniente del sur. Un día, otro día, y otro. Tres meses del invierno más duro que he conocido.

29 enero 2012

Vivencias (VIII). Los primeros pasos

Viernes por la tarde. Mientras que la oscuridad y el mutismo se han ido haciendo dueños de las calles, el interior de la pista de hielo es un hervidero de vida.
El frio tiene muchas variantes de ocio, y esta es una de ellas. Amigos y familias se reencuentran en la cita semanal con su deporte favorito. Si eres eslovaco, debes saber patinar sobre hielo, parece decir el cartel de bienvenida de la entrada.
Cuchillas bien afiladas, doble vuelta a los cordones, guantes y mi pareja de baile. Mi primera clase sobre hielo esta a punto de empezar. Todo es proponérselo...

30 diciembre 2011

Los verdaderos protagonistas

Pasado, presente y futuro. Todo se mezcla en esta tierra, la mía, mi tierra de besos y abrazos, con preguntas cuyas respuestas a veces soy incapaz de adivinar. “¿Y después que harás?¿Qué tienes pensado hacer?¿Estás contento allí?¿Te gusta aquello?¡Le has echado un par…!”

Detrás de algunas de esas preguntas, hay rostros que siempre se mantuvieron detrás de mi cámara y nombres que nunca salen en la conversación, los verdaderos protagonistas de mis historias en este año 2011 que le dieron mayor significado al viaje y a la etapa en general que me tocó vivir.

Mara en Manchester, Rocio, Victor y Pablo en Budapest, Agnese, Bruno y Justyna en Bratislava, Susan en Presov, Valeria en Spis Castle, Lucia en Cardiff, Veronika en Uzhgoroz, Pablo en Kosice, Juanki en Londres, Sonia en Sevilla, Manuel en Normandía… si algo te da viajar es conocer gente, personas con un puñado de inquietudes similares a las tuyas, que cargan una mochila a su espalda y te acompañan compartiendo su tiempo y su mejor sonrisa contigo.
















... ¡y muchos otros más! Gracias.

Y a ti, que estas detrás de la pantalla del ordenador y no te puedo fotografiar, también mi recuerdo, por seguirme y hacer que mi esfuerzo y dedicación por este blog valga la pena. Hay tardes a lo largo del año que actualizar esta página cuesta un poquito más.

Ha sido un año, este que se va, espectacular, tal como lo soñé al empezar. Pese a tener los pies en el presente, no puedo evitar pensar que mi camino de baldosas amarillas no ha hecho más que comenzar y que lo mejor está por llegar. Es algo que tengo instaurado por ley en la cabeza y que termina siendo pieza fundamental de mi felicidad. Porque me encuentro con más ganas y con más fuerza que nunca, y porque el mundo es demasiado grande como para quedarse quieto.



(el blog y su dueño se toman un respiro, dos semanas de vacaciones para dedicarme a otras tareas que también reclaman mi atención; nos vemos el 15 de enero, pasaré lista).

08 diciembre 2011

Vivencias (VII): Una dulce celebración

Bombones rellenos de licor habían invadido la sala de profesores, y circulaban sin pudor por los escritorios. En uno de los descansos, una de mis compañeras me regaló un enorme saco de dulces. En el comedor del colegio, detrás de la sopa y el segundo plato, nos entregaron a todos como postre una bolsa cargada de chocolate. Un enorme tazón de puding de chocolate casero me esperaba en la cocina al llegar a casa. ¿Qué ocurre hoy? La fiebre del chocolate ha llegado a Eslovaquia. Los supermercados hacen su agosto vendiendo dulces y chocolatinas y yo no sé el motivo.

Mis estudiantes tienen la respuesta que busco: es seis de diciembre, y es San Nicolás. Según me contaron, San Nicolás es un señor de aspecto bien parecido a Santa Claus que la noche del 5 de diciembre busca los zapatos de los niños situados en sus ventanas para dejarles dulces y chocolatinas si han sido buenos, o un palo de madera si han sido malos (aquí no se andan con chiquitas).

Indagando un poco más sobre esto, encontré varios datos curiosos. Es una fiesta de origen holandés, y el mito se basa fundamentalmente en la figura de San Nicolás de Bari, aunque contiene también elementos de origen pagano. Durante el siglo XX este mito sirvió de origen al mito de Santa Claus: la ciudad norteamericana de Nueva Ámsterdam fue colonia holandesa en la costa de los actuales Estados Unidos, y en ella se celebraba también la fiesta de San Nicolás, cuyo nombre Sinterklaas fue adaptado al inglés como Santa Claus.

Disculpen que terminé así el post, pero tengo el puding de chocolate de San Nicolás esperándome…

13 noviembre 2011

Vivencias (VI). Dobrú chut´!

¡Si es que sólo de ponerme a escribir sobre esto me entra hambre!

Lo reconozco, era un poco desconfiado con este tema al principio. Después de la mala experiencia en Birmingham con la alimentación (lo siento mucho por mis amigos “Birmingheños”, pero es que la comida inglesa no me gusta) entré en Eslovaquia a la defensiva, mirando con lupa que se movía entre fogones, pensado que posiblemente tendría que volver a coger la sartén por el mango (cosa que por otro lado no me desagrada).

¡Y que grata sorpresa! ¡Que rico esta todo! Al tener que pasar algunas tardes en el instituto, suelo comer de lunes a viernes en el comedor. Aunque el horario suele parecerse más al ingles que al español (creo que somos los Europeos que más tarde cenamos), hay primer plato (sopas de todo tipo y color), segundo plato y postre. Aunque en su mayoría son platos sencillos, todos tienen un sabor que te invita a repetir. Mucha carne, patata y pasta, que forman parte de recetas tradicionales con gran influencia rusa y húngara. Aún no he encontrado un plato que me desagrade, no se como lo consiguen.

Un ejemplo de comida típica eslovaca es el halušky, similar a los Gnocchi italianos. A pesar de variar de una región a otra, la receta de base contiene patata rallada y mezclada con harina, sal y opcionalmente una cierta cantidad de huevo haciendo todo ello una masa. Es costumbre que esta masa resultante se haga pasar por un tamiz especial, formando una pasta de pequeño tamaño. Por regla general también incluye col picada, cebollas y mantequilla. ¡Ñam!


31 octubre 2011

Vivencias (V). Carreteras desconocidas

- ¡Guau! – decía alargando la palabra hasta donde el aliento me permitía.

Alquilamos Pablo y yo un coche y nos adentramos en las enigmáticas montañas del sureste de Eslovaquia, sorteando curvas, rectas, subidas y bajadas, y disfrutando de un espectáculo impagable. El otoño ya había llegado, y perderse entre aquellos caminos significaba formar parte de una acuarela de trazos irregulares, salpicada por la extensa gama de colores de la vegetación y el azul de lagos y riachuelos.

- Intenta parar aquí…

Posiblemente sería una de las frases mas repetidas en el viaje. Tan entusiasmado andaba que no se cuantas veces pude mandar parar a Pablo. Salía despavorido del vehículo y buscaba la mejor vista, esa donde tus ojos llegan a alcanzarlo todo. Paisajes idílicos que aún el hombre ha sabido perdonar.
Un par de suspiros, tres adjetivos desmesurados, unas cuantas fotos, y vuelta a la carretera. Una carretera tan desconocida como maravillosa.

(¡Grande Pablo! ¡Gracias por tu compañía estos días! No fallas nunca a ningún viaje, allí donde me traslado, allí donde vas. ¿Dónde será la próxima?)

20 octubre 2011

Vivencias (IV). Un rezo diferente

Domingo por la mañana. La curiosidad y las ganas por vivir nuevas experiencias me vencen, y no dude en aceptar la invitación que me ofrecieron mis caseros para acudir a misa. Al mismo tiempo que bajaba las escaleras de casa bien arregladito y perfumado, escuchaba la voz de mi casera preguntándome con media sonrisa si no me faltaba llevar algo.

“No”, pensaba para mis adentros… móvil, pasaporte, algo de dinero… lo llevo todo.

Viendo que no me percataba, me puso en las manos un pequeño libro de pasta oscura, el Nuevo Testamento, pero traducido al inglés para poder entenderlo. Tanto ella como su marido llevaban en sus manos otros tantos, pero en Eslovaco. Sonreí y le dí las gracias.

Una vez entré en la iglesia, mis presagios se hicieron realidad. Busque por todos lados algún crucifijo, pero si éxito. Las paredes estaban desnudas, y en el altar mayor un señor vestido con gruesas túnicas negras permanecía sentado mirando al infinito, esperando no se qué exactamente.

Avancé por el pasillo principal hasta que mi casera me hizo un gesto con el brazo para ocupar asiento en un banco de un lateral. Llegué a él y me senté. Un montón de susurros y chismorreos nacieron a mis espaldas de fieles que llenaban los bancos traseros. Mierda, algo había hecho mal. Me fijé en mi casera. No se habían sentado, estaban rezando de pie. Me levanté corriendo, justo en el momento que ellos se sentaban. Me senté corriendo. La mañana iba a ser entretenida.


10 octubre 2011

Vivencias (III). ¿Cruzamos?

Tic… tic… tic… tictictic…

Fue lo primero que aprendí al llegar al país. Cuando me disponía a cruzar la calle por un paso de cebra sin semáforo, la mano de mi compañera de trabajo me lo impidió. Aquí el peatón no tiene preferencia. Hay que esperar a que no vengan vehículos, o bien que estos decidan “amablemente” parar y cederte el paso.

Tic… tic… tic… tictictic…

El sonido se repite en cada esquina, allá donde haya un semáforo cerca. Cuando parece que el tintineo nunca cambiará su ritmo, acelera en cuestión de segundos hasta no tener descanso. Su desatada locura significa que puedes cruzar la calle, y rápido.

Si no los escuchas, siempre podrás verlos. Porque estas cacatúas urbanas suelen estar colocadas en coloristas farolas y señales de tráfico la mayoría de las veces. Kosice es un buen ejemplo de ello. Sus farolas se visten de amarillo y azul, y dan a la ciudad un baño original de color. Resulta divertido pasear por sus calles, una coctelera de sonidos y color por cuya irregular calzada cubierta de cables circulan metrobús, autobuses, tranvías, coches particulares, ciclistas, y todo lo que se te pase por la imaginación que tenga mínimo dos ruedas o vaya por raíles. Demasiadas cosas capaces de atraer mi atención como para tener que cruzar una carretera eslovaca.

Tic… tic… tic… tictictic… ¿Cruzamos?


08 octubre 2011

Vivencias (II). 50 grados

¿Café o té? También tenemos agua.

Un amable señor que chapurreaba algo de inglés me invitaba a compartir mesa junto con el resto de asistentes. Rápidamente la mesa se pobló de bebidas y amenas conversaciones en eslovaco que poco podía entender. En total fueron tres las bebidas que recibimos cada comensal: una taza de café o té, un vaso ancho de refresco y un pequeño vaso cargado de licor.

El pequeño vaso cargado de licor fue el primero en ser levantado por todos. En España decimos ¡Salud!, ¿Y en Eslovaquia? Por más que repitieron la palabra, fui incapaz de retenerla en la memoria. Alguno de los presentes se atrevió con el español. ¡Salud!, se escuchó. Suave choque de cristales y cruce de miradas.

La boca me echaba fuego. Aguanté la compostura como el resto, que parecían relamerse y disfrutar del momento. Gestos de aprobación y vuelta a las conversaciones. Cuando la mujer sentada a mi lado tomó otro vaso, esta vez lleno de refresco de cola, rápidamente la emulé, tomando un trago y calmando los daños de la anterior bebida. Me atreví a mirar la etiqueta de la botella. En torno a 50 grados.

Es común en sobremesas y reuniones de media tarde tomar este tipo de licores junto con dulces, pastas y cafés. Y eso sí, puedes dejarte los dulces, las pastas o el café a medio tomar, pero nunca el licor. No está bien visto. Y no se te ocurra decir que no.

04 octubre 2011

Vivencias (I). Viajando en el tiempo

Hay viajes que deben ser recorridos y experiencias que deben vivirse.

Si algo tiene esta región diferente al resto de Europa es su transporte ferroviario, viejas locomotoras y vagones que te hacen retroceder en el tiempo 40 años, haciéndote protagonista de aquellas películas de aventuras que disfrutaste un día de chico en el sofá de casa, esas donde todo empezaba en una vetusta estación al aire libre entre silbatos, pesadas mercancías y despedidas a través de la ventanilla.

Reconozco no ser imparcial y adorar el transporte de un pasado no tan lejano. Pese a sus contratiempos y cierta incomodidad, aporta al viaje un aroma épico y romántico que te mantiene soñando despierto. Además, como años atrás, cada vagón se distribuye en pequeños compartimentos para seis-ocho personas que desembocan en alargados pasillos en un lateral, compartimentos formados por desconocidos en su mayoría que durante unas horas forman una comunidad, y te permite, aunque no siempre, intercambiar opiniones y vivencias.

La vida sobre estas vías va más lenta. Pese al poco tiempo que llevo aquí, ya he sufrido retrasos, equivocaciones, y viajes interminables de ocho y diez horas. Pero, pesé a ello, también son culpables hoy que cuando viaje no pueda evitar sonreír y sentirme más aventurero que nunca.

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