.

.
Mostrando entradas con la etiqueta Una carretera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Una carretera. Mostrar todas las entradas

31 octubre 2011

Vivencias (V). Carreteras desconocidas

- ¡Guau! – decía alargando la palabra hasta donde el aliento me permitía.

Alquilamos Pablo y yo un coche y nos adentramos en las enigmáticas montañas del sureste de Eslovaquia, sorteando curvas, rectas, subidas y bajadas, y disfrutando de un espectáculo impagable. El otoño ya había llegado, y perderse entre aquellos caminos significaba formar parte de una acuarela de trazos irregulares, salpicada por la extensa gama de colores de la vegetación y el azul de lagos y riachuelos.

- Intenta parar aquí…

Posiblemente sería una de las frases mas repetidas en el viaje. Tan entusiasmado andaba que no se cuantas veces pude mandar parar a Pablo. Salía despavorido del vehículo y buscaba la mejor vista, esa donde tus ojos llegan a alcanzarlo todo. Paisajes idílicos que aún el hombre ha sabido perdonar.
Un par de suspiros, tres adjetivos desmesurados, unas cuantas fotos, y vuelta a la carretera. Una carretera tan desconocida como maravillosa.

(¡Grande Pablo! ¡Gracias por tu compañía estos días! No fallas nunca a ningún viaje, allí donde me traslado, allí donde vas. ¿Dónde será la próxima?)

10 octubre 2011

Vivencias (III). ¿Cruzamos?

Tic… tic… tic… tictictic…

Fue lo primero que aprendí al llegar al país. Cuando me disponía a cruzar la calle por un paso de cebra sin semáforo, la mano de mi compañera de trabajo me lo impidió. Aquí el peatón no tiene preferencia. Hay que esperar a que no vengan vehículos, o bien que estos decidan “amablemente” parar y cederte el paso.

Tic… tic… tic… tictictic…

El sonido se repite en cada esquina, allá donde haya un semáforo cerca. Cuando parece que el tintineo nunca cambiará su ritmo, acelera en cuestión de segundos hasta no tener descanso. Su desatada locura significa que puedes cruzar la calle, y rápido.

Si no los escuchas, siempre podrás verlos. Porque estas cacatúas urbanas suelen estar colocadas en coloristas farolas y señales de tráfico la mayoría de las veces. Kosice es un buen ejemplo de ello. Sus farolas se visten de amarillo y azul, y dan a la ciudad un baño original de color. Resulta divertido pasear por sus calles, una coctelera de sonidos y color por cuya irregular calzada cubierta de cables circulan metrobús, autobuses, tranvías, coches particulares, ciclistas, y todo lo que se te pase por la imaginación que tenga mínimo dos ruedas o vaya por raíles. Demasiadas cosas capaces de atraer mi atención como para tener que cruzar una carretera eslovaca.

Tic… tic… tic… tictictic… ¿Cruzamos?


Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | GreenGeeks Review