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30 noviembre 2011

Día 431. Party time

(obligado recuerdo de aquel fin de semana tan especial como la fecha, un 11 del 11 del 2011)



La vida resurge en Bratislava a partir de las ocho de la tarde. Esa fue la impresión que me llevé cuando terminamos de cenar y salimos de nuevo al exterior. Mucha gente joven y no tan joven con ganas de pasárselo bien. Es viernes, por supuesto. ¿Qué ciudad no conoce la diversión y el ocio en el fin de semana?

Todo resultaba especial. Por el emplazamiento. Por la compañía. Cinco horas antes, todos los asistentes de profesor extranjeros residentes en Eslovaquia habíamos tenido la reunión anual donde nos daban la bienvenida al país y explicaban los parámetros a seguir durante esta etapa. Un buen momento para conocer a otros compañeros de profesión. Una muchacha y muchacho italiano, una chica polaca, un francés y yo terminamos saliendo y echando unas risas, hablando de todo un poco, de problemas y alegrías en nuestros países, del presente y el incierto futuro, de ilusiones que rondan nuestras cabezas, retos con ganas de alcanzar algún día.

Buscando algún sitio donde hubiera música en vivo y poder tomar unas cervezas, terminamos en la “Galería de la Música”, un concurrido pub en el casco antigua de la ciudad sobrado de humo de cigarrillos donde el trasiego de pintas era una constante. La terraza fue el mejor lugar que encontramos para disfrutar de la noche y poder respirar sin mascarilla.






La vida nocturna de esta ciudad se centra principalmente en el centro histórico, donde los más populares bares y clubs atraen a sus visitantes con parpadeantes luces de colores y diferentes tipos de música. Si lo que buscas es saborear tranquilamente una copa de vino en algún sótano bajo la melodía de algún músico de jazz, beber cerveza en hacinados pubs o asistir a multitudinarias fiestas con cientos de personas bailando a tu ritmo, lo encontrarás todo aquí.

Con tantas idas y venidas a Bratislava, empiezo a conocérmela muy bien. Y cada visita que hago, me gusta más. Algo tiene esta ciudad que me seduce…




(un "gracias" enorme para mis simpáticos compañeros Agnese, Justyna y Bruno, por regalarme un fin de semana estupendo)

23 septiembre 2011

22 septiembre 2011

Día 373. Vitajte v Bratislave!

(todo ocurrió un rápido 14 de septiembre de 2011...)



¿Qué voy pisando? Los castaños que acompañan las principales vías de la capital han decidido desprenderse todos al mismo tiempo de sus frutos, dejando duras porciones de cáscaras por todos lados. Entre eso y el viejo suelo de adoquines, caminar por el casco antiguo de Bratislava se hace toda una aventura.







Pregunto de nuevo en inglés. Un montón de palabras sin sentido recibo como contestación. Debe ser eslovaco. Una chica rubia, una plaga por estas tierras, me deja con las mismas dudas sobre mi paradero. Su inglés deja bastante que desear y ha terminado por despacharme rápido. Según tengo entendido, el eslovaco es la segunda lengua más difícil de estudiar del mundo después del chino. Buena suerte, me desearon muchos en España al comentarles mi intención de aprenderlo.




Una maraña de interminables cables sobre mi cabeza. Oscuras líneas que contrastan con el azul del cielo. Como telas de araña, cubren avenidas y plazas por donde el paso de vehículos no esta prohibido. Aparecen a derecha e izquierda autobuses con largas antenas unidas a los cables, vetustos tranvías de otras épocas que también necesitan de ellos… y que junto al transporte privado, crea un disparatado cóctel de desplazamientos. Caótico, pero ordenado.







Me ha entrado hambre. Mucha hambre. En mi plato, un filete de pollo a la plancha ha sido bañado en miel junto con otro condimento que no acierto a adivinar, todo acompañado con verdura. No esta mal. Era un plato más en una carta invadida por carne. El paladar parece estar de enhorabuena.







Me observan. Constantemente. El castillo lo ve todo, su visión alcanza cualquier punto de la ciudad. Situado en el centro histórico de la ciudad, en lo alto de una colina rocosa, mantiene una posición privilegiada a orillas del Danubio. Residencia oficial del presidente de la República Eslovaca, sus murallas datan del siglo X, y sus cuatro torres laterales están consideradas como el símbolo de la ciudad. Según tengo entendido, anteriormente sus paredes estaban bañadas de color amarillo. Cool!




Después de algunas horas de viaje y otras tantas de sueño perdido, Eslovaquia me daba la bienvenida bajo un sol digno de los mejores lugares de veraneo. El autobús número 61 me trasladó, después de pelearme un rato con la máquina expendedora de billetes, desde el aeropuerto a la estación principal de trenes de Bratislava, y de allí tuve que desplazarme andando hacia el hotel, atravesando todo el caso antiguo.

Y a partir de ahí, toda esa colección de impresiones. Las primeras horas en mi nuevo país trajo debajo del brazo un montón de nuevas sensaciones; sabores, olores y visiones de otra Europa, esa que ahora despierta después de años de comunismo. Un lugar diferente a todo lo vivido hasta ahora. Adoro viajar.




(para aquellos que tanto se preocupan y me quieren, que sepan que he llegado estupendamente a estas tierras; mil gracias a Nati, Andrés y compañía, esa foto que me disteis estará en mi mesita de noche, a Ana por los ánimos que me manda desde México, a Rocío por ese mensaje de móvil, a Bea, Vanesa, Lucia, y tantos otros que me preguntáis por Facebook… ¡gracias a todos!; todas las fotos de este primer día, el que siempre se recuerda, pinchando AQUÍ)
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