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16 mayo 2012

3M-IN SPAIN: Crepúsculo

Ankara, Kiev, Skopje, Hanoi, Bern, London, Chicago…

Los últimos rayos de luz del día. Empiezan a desaparecer los nombres bajo mantas de oscuridad, aquellos que antes podían leerse serigrafiados sobre una extensa tela ocre. La puerta de entrada fue la primera en dar la bienvenida a la noche, seguida del televisor y la mesita donde descansa. La luz azul fija que desprende el aparato parece volverse inmune a la oscura enfermedad que azota la sala, destacando sobre el resto con fuerza y autoridad.

El espectáculo del crepúsculo deja la habitación en penumbras, difuminando contornos y formas antes claramente visibles, jugando contigo para ver si eres capaz de recordar donde se sitúa cada objeto. Sin darte cuenta, el tiempo ha hecho que tu también formes parte de ese conjunto de cosas difuminadas que han perdido su color.

Así son algunos de los atardeceres en España desde mi regreso, tranquilos, silenciosos, diferentes a los últimos dos años, sentado en una salita, viendo como una multitud de nombres de ciudades, serigrafiadas sobre esa extensa tela ocre que hace de cortina, van desapareciendo con el paso de los minutos.

Moroni, Rome, Dublin, Ottawa, Riga, Glasgow, Lima...

23 septiembre 2011

03 julio 2011

Día 281. Retírense

(una deliciosa tarde de relax en plena capital española que aconteció un 17 de junio de 2011)



Como en tantas y tantas ocasiones, mi cuerpo paseaba mientras mi mente corría una maratón. Porque me gana la impaciencia, porque quiero saber que sucederá después. Y después, como no podía ser de otra forma, llegaba el atardecer.

  • Siéntate aquí, y disfruta del paisaje – parecía decir el sol antes de ocultarse definitivamente – porque mañana, cuando despiertes, podrás decir que presenciaste uno de los mejores atardeceres de tu vida.

El ocaso del astro se producía instantes despues de llegar al margen del estanque que acompaña fielmente al Monumento de Alfonso XII, una gran columnata con un gran número de esculturas que rodean a la estatua ecuestre del rey, todo ello en bronce y mármol.



Todo el mundo le daba la espalda al monumento. El espectaculo acontecía en el horizonte, donde un grupo de colores libraba su particular batalla por hacerse con los dominios del cielo. Tanto ellos como la multitud de sombras del parque se reflejaban en el agua, el espejo que servía de ventana para la otra realidad. Realidad a la que terminabas rendido.





La película que siempre se repite, que conoces su final, pero que te atrapa como el primer día. Minutos que se hacen cortos. Diferentes lugares, diferentes épocas, diferente compañía, pero una misma sensación: felicidad.


(desde el Parque del Retiro, en Madrid, una ciudad de sobra conocida por todos pero que siempre te sorprende; mientras llega el día de hablar de la capital de España, unas cuantas fotos más de este precioso parque, incluyendo el Palacio de Cristal, a máxima resolución, pinchando AQUÍ; Blanca, gracias por el paseo)

25 octubre 2010

Día 43. Viendo atardecer desde Lickey Hills

(un laxante en forma de atardecer que llegó un 24 de Octubre de 2010 entre pobladas colinas inglesas)


Tenía razón Mr. Jevons al decirme que el mejor atardecer que podía ver en West Midlands era desde Lickey Hills.





Allí estaba yo, en lo alto de la colina una tarde de otoño, hinchando mis pulmones a más no poder y disfrutando de las vistas. Absorto en las figuras y colores del horizonte, aún me daba tiempo para ver a la ardilla corretear a mi lado, la alfombra de hojas secas que tapizaba todo el suelo, y escuchar un mágico canto de una pequeña ave a la cual aún no he conseguido ponerle nombre. Todo, en su conjunto, hacía más placentera la despedida del sol.



Lickey Hills son una serie de colinas a once millas al suroeste de Birmingham, cerca de las aldeas de Lickey y Barnt. Las colinas son un área muy popular que ofrecen unas vistas espectaculares de toda la región. En ellas está el conocido Lickey Hills Country Park, 525 acres donde también puedes encontrar un campo de golf.

Antiguamente los terrenos pertenecieron a la realeza como coto de caza privado, pero desde 1888 cualquier ciudadano puede deleitarse paseando por ellas.





Cada tres pasos que daba por aquellos caminos de tierra, me encontraba un hermoso banco de madera esperando ser ocupado, y todos mirando hacia el infinito, que empezaba a perder su luminosidad por momentos.



Llevaba unos días algo confuso, nervioso, incluso algo desanimado. No sé si por todo el papeleo, por mis continuas peleas con el idioma, o por ver como de momento no llega el trabajo deseado.

Necesitaba recargar las pilas. Y vaya si las recargué.


(gracias al simpático conductor del autobus número 62, que si no hubiera sido por él hubiera terminado en cualquier otro lugar; todas las fotos de este espectacular paraje, a máxima resolución, pinchando AQUÍ)

14 septiembre 2010

Día 4. Cuando se esconde el sol

(post cargado de nostalgia que ocurrió un 14 de septiembre, tan puntual como el atardecer)


Hace un par de días que acudí a almorzar al chiringuito de Francisco situado en pleno paseo marítimo de Torremolinos. Con todo lo que me he quejado durante años de encontrar pescado en mi plato, y cuanto lo voy a echar de menos. Sardinas, boquerones, chanquetes, calamares, rosada… ¿Dónde sino aquí? Aún reconvertidos por el turismo los chiringuitos en graciosos rincones de música y color, perdura el olor a mar entre cremas solares, las conversaciones sobre pesca entre risotadas extranjeras y el sabor del pescaito frito entre cremosos postres.




En la década de los 40, con la llegada del primer vuelo a la Costa del Sol, empezó el cambio. Paraísos de arena y mar empezaron a ser ocupados por turistas con los bolsillos llenos de pesetas, jugoso pastel que empresarios y comerciantes no querían dejar escapar. El dinero, siempre el dinero. Empezaron a levantarse hoteles y apartamentos, dejando bajo las sombras las pequeñas y vetustas casitas de pescadores. El primero fue el Hotel la Roca, que estableció sus precios en 32 pesetas al día por reserva. En esa época, disfrutar de una sombrilla en la playa costaba 30 pesetas al mes y una silla era un extra de 15 pesetas.



Desde entonces, Torremolinos no ha parado de venderse como rincón de descanso y ocio para millones de personas procedentes de todo el mundo. En los catálogos de viajes encuentras lujosos hoteles, campos de golf, hermosas playas… pero sobretodo, sol, mucho sol.



A punto de terminar el verano, los últimos azotes de calor coinciden con los últimos turistas de la temporada. El sol comienza a ocultarse en el horizonte y la costa gana en belleza. Que lindo caminar por el paseo marítimo al atardecer.





Acostumbrado a recibir la energía del sol casi permanentemente ¿Cómo será vivir sin él? Mi matrimonio con el sol a punto de romperse, y no sé las consecuencias. Mientras llega el día de despedirnos, no queda otra que disfrutarlo.


(Para todos aquellos que retan a los ricos empresarios de la Costa del Sol con imaginación e ingenio para ganarse la vida)
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