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17 septiembre 2010

Día 7. Camino de la playa

(post que ocurrió un 17 de septiembre, y que aunque intentó esquivar los tópicos sobre Torremolinos, acabo sucumbiendo con resignación)


Esta mañana, cámara de fotos en mano, he salido para intentar completar la maleta con algunos pantalones de pana y camisetas interiores que abriguen, y qué mejor lugar para ir de compras en mi pueblo que la calle San Miguel.

Carteles escritos en diversas lenguas y llenos de colores llamativos se reparten por todo este zoco andaluz a la caza de clientes, clientes relajados en su mayoría, que disfrutan de un día más de vacaciones curioseando escaparates y sentándose en terrazas a tomar algo.




La actividad económica principal de Torremolinos es el turismo y las actividades derivadas de éste. Con más de 80 hoteles y hostales, es el segundo municipio español con mayor número de camas hoteleras y el principal destino turístico de Andalucía.

La torre de Babel en la que se ha convertido Torremolinos se hace más notable al ver los establecimientos. Existen en la actualidad más de 250 restaurantes de cocina internacional, entre los que abundan los italianos, alemanes, nórdicos, ingleses, americanos, indonesios, chinos, japoneses, etc... Aquí hay sitio para todos.




Y es que todo extranjero que ha visitado este lugar se ha quedado con ganas de más, se ha planteado repetir y, en último término, ha decidido establecerse aquí. Ha sido victima del clima, del pescaito, del aceite, del gazpacho, de sus gentes acogedoras y alegres, de la romería, de las ferias…




La mezcla entre lo foráneo y lo andaluz convive en perfecta armonía. Entre tanto apartamento y comercio, encuentras rincones bañados en blanco y verde, casitas de blancos muros cargados con copiosos tiestos de plantas ornamentales y azulejos que resaltan y adoran a la Virgen del Carmen.


Que te voy a decir yo de mi tierra que no sea bueno. Al final, paseando por su casco antiguo, se me pasó volando la mañana y decidí hacer las compras por la tarde.

Se empieza a acumular el trabajo. Me voy el martes a Reino Unido y todavía quedan por cerrar algunos flecos. ¡Cómo me gusta dejarlo todo para el último día!.




Si te das cuenta, he evitado nombrar durante todo este ratito la palabra playa. Me ha resultado imposible, ya que en Torremolinos todos los caminos conducen a ella.


(todas las fotos, a máxima calidad, de mis últimos paseos por Torremolinos antes de marcharme pinchando AQUÍ)

14 septiembre 2010

Día 4. Cuando se esconde el sol

(post cargado de nostalgia que ocurrió un 14 de septiembre, tan puntual como el atardecer)


Hace un par de días que acudí a almorzar al chiringuito de Francisco situado en pleno paseo marítimo de Torremolinos. Con todo lo que me he quejado durante años de encontrar pescado en mi plato, y cuanto lo voy a echar de menos. Sardinas, boquerones, chanquetes, calamares, rosada… ¿Dónde sino aquí? Aún reconvertidos por el turismo los chiringuitos en graciosos rincones de música y color, perdura el olor a mar entre cremas solares, las conversaciones sobre pesca entre risotadas extranjeras y el sabor del pescaito frito entre cremosos postres.




En la década de los 40, con la llegada del primer vuelo a la Costa del Sol, empezó el cambio. Paraísos de arena y mar empezaron a ser ocupados por turistas con los bolsillos llenos de pesetas, jugoso pastel que empresarios y comerciantes no querían dejar escapar. El dinero, siempre el dinero. Empezaron a levantarse hoteles y apartamentos, dejando bajo las sombras las pequeñas y vetustas casitas de pescadores. El primero fue el Hotel la Roca, que estableció sus precios en 32 pesetas al día por reserva. En esa época, disfrutar de una sombrilla en la playa costaba 30 pesetas al mes y una silla era un extra de 15 pesetas.



Desde entonces, Torremolinos no ha parado de venderse como rincón de descanso y ocio para millones de personas procedentes de todo el mundo. En los catálogos de viajes encuentras lujosos hoteles, campos de golf, hermosas playas… pero sobretodo, sol, mucho sol.



A punto de terminar el verano, los últimos azotes de calor coinciden con los últimos turistas de la temporada. El sol comienza a ocultarse en el horizonte y la costa gana en belleza. Que lindo caminar por el paseo marítimo al atardecer.





Acostumbrado a recibir la energía del sol casi permanentemente ¿Cómo será vivir sin él? Mi matrimonio con el sol a punto de romperse, y no sé las consecuencias. Mientras llega el día de despedirnos, no queda otra que disfrutarlo.


(Para todos aquellos que retan a los ricos empresarios de la Costa del Sol con imaginación e ingenio para ganarse la vida)
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