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09 mayo 2012

3M-IN SPAIN: Futuro

Mi madre me dijo una vez que a medida que pasan los años, lo que más cuesta es recordar fechas. Fechas en general, de todo tipo, aniversarios, tanto alegres como tristes, estrenos, despedidas, acontecimientos importantes al fin y al cabo. Cuando alcanzas cierta edad acumulas tantas y tantas vivencias que prefieres no echar la vista atrás para no perderte.

No recuerdo ninguna fecha exacta pasada de mis dos últimos años, únicamente la de mi reciente regreso a España, pero solo por su proximidad. Los souvenirs a modo de tickets, entradas, octavillas, postales… que antes guardaba con esmero de lugares y días y que ayudaban a recordar pasaron a mejor vida, quedando sólo vagos recuerdos de esos momentos sin fecha precisa. Un paseo por este blog los últimos días ha devuelto el color y parte de esas sensaciones pasadas a los recuerdos que se han instalado en blanco y negro. Ahora mismo, la única llave capaz de abrir mi pasado.

Para alguien tan intranquilo y ambicioso como yo resulta más fácil acordarte de fechas futuras, pese a que en muchos casos terminen siendo modificadas. No me resulta raro tener programado ya mis meses más recientes, los que me mantendrán en España, con cursos, deporte, reuniones o eventos sociales, compromisos y algúna que otra escapada.

Agosto marca el ritmo, es el mes del calendario que tiene más señales y cruces, debido a un nuevo e importante paso. Ya hay destino para el próximo año. En realidad no es nuevo, lo sabía desde hace un par de meses. Europa no esta aún completa a mis ojos y países como Polonia, Letonia, Lituania, Estonia o la mismísima Rusia empiezan a inyectarme dosis de entusiasmo.

Las cosas bonitas merecen ser vividas dos veces, y Europa del Este merece un segundo año. Una fecha futura fácil de recordar. Por las ganas. Por la ilusión.

06 mayo 2012

3M-IN SPAIN: Estabilidad

He necesitado más de una semana para saber donde estaba y cómo tenía que organizarme. Dos aspectos han hecho que mi regreso a España no haya sido tan fácil como pensaba. El primero, y más importante, es saber que mi estancia aquí ya tiene puesta fecha de caducidad, tres meses para ser exactos. Aún no me he sentado y soltado las maletas cuando ya me esperan por otro lado del mundo. Al principio recibí la noticia con ilusión moderada, ya que estaba pidiendo a gritos un respiro de viajes y cambios. Pasado unos días, la ilusión va agrandándose al mismo tiempo que mis ganas por coger las riendas de ese proyecto. Un escalón más de un camino de superación donde lo mejor siempre esta por llegar.

El otro aspecto que ha rondado mi cabeza estos días tiene como palabras sinónimas al equilibrio, la consistencia, la solidez, la firmeza, la permanencia, la continuidad o la perdurabilidad. ¿Te suena? Hablo de la estabilidad, término que llegó a mí a raíz de una conversación con una amiga y me hizo reflexionar. “¿No echas de menos cierta estabilidad?”, me preguntaba.

No he encontrado la respuesta aún. Lo que sí he podido comprobar es que no siempre la estabilidad proporciona felicidad. Felicidad no está dentro de la lista de sinónimos que te cite antes. Amante del buen cine y de aquellas películas con mensaje, una de estas últimas tardes he tenido la suerte de coincidir con “The Crowd” (en español fue traducida como “Y el mundo marcha”), rodada hace muchísimos años, cuando aún el color no había llegado a la gran pantalla.

“Has de ser bueno en esta ciudad si quieres destacar de entre la masa”, decía el joven John, protagonista de la película, la primera vez que ve Nueva York, la vibrante metrópolis donde está seguro de que sus cualidades especiales le alzarán sobre el rebaño.

A medida que avanza la cinta, se ve como las cosas no le irán saliendo bien al bueno de John, convirtiéndose en un hombre tan penosamente vulgar que podría ser cualquier miembro elegido al azar de esa multitud urbana. El personaje empieza la historia como un bebe indistinguible de otro cualquiera, y termina como un burgués neoyorquino indistinguible de otro cualquiera. Había conseguido estabilidad, pero era infeliz.

15 enero 2012

Día 486. The ghost of christmas future

(un 5 de enero de 2012, horas antes de irme con los Reyes Magos a Oriente...)

Los últimos rayos de sol andaluz de este invierno los disfrute en compañía de mi amigo Rute, tomando una cerveza en uno de los muchos bares de la costa frecuentado por ingleses. Por una vez, y sin que sirva de precedente, me sentía extranjero en mi propia tierra, emulando al resto de foráneos de la terraza, todos alejados de las sombras, con la camisa remangada hasta decir basta y la cara bien iluminada.

Cómo toda mi estancia estas Navidades por España, de nuevo iba con el tiempo apurado. En un par de horas un tren me llevaría a Madrid, y todavía había muchas cosas por hacer antes de marcharme. El reloj había sido implacable estas dos últimas semanas. Todo estaba pasando demasiado rápido. Todo.

Aún no habíamos empezado a saborear Rute y yo el contenido de la conversación, cuando una señora sentada en la mesa contigua se giró y se levantó sus gafas de sol. De rasgos cubanos, calculo que rondaría los cuarenta. Me llamo la atención su enorme boca. Si hubiera sido un dibujo animado, su boca se hubiera asemejado a las enormes fauces del tiburón de la película Buscando a Nemo. Su primera frase no podía ser otra.

- Perdonad, pero no he podído evitar escucharos…

Escuchar la palabra “América” de mis labios, supongo. La idea de dar el salto al continente americano a mediados de año cuando termine mi estancia en Eslovaquia parecía haber despertado a aquella persona de su letargo de mediodía.

- Por si te sirve de ayuda, yo tuve la misma idea que tu, la de cruzar el charco y vivir durante unos años en Estados Unidos…

Su historia, más allá de tener el mismo país protagonista, se alejaba del ideal de sueño americano que toda persona tiene en la cabeza antes de dar el paso definitivo. Su historia era mucho más dura, sin mucha fortuna y de continua lucha por salir adelante. Después de recorrer una decena de países, terminó viviendo en un barrio de inmigrantes en Washington, un lugar del cual no llega a tener buenos recuerdos. Sus trabajos en el sector de la hostelería apenas le ayudaron a pagar el alquiler de la vivienda.

- Tantas horas trabajadas… ¿para qué? Luego no tienes nada… - se lamentaba – allí nadie ayuda a nadie, el dinero por delante siempre… allí ser hispano o ser negro es lo mismo…

Sus vivencias y reflexiones estaban cargadas de frustración y algo de rencor hacía un país que ni mucho menos había colmado sus expectativas. Lo único positivo que pude sacar de sus palabras fue la belleza de algunos lugares y la experiencia en sí.

- Pero que si tú tienes decidido ir, adelante… - me repitió en un par de ocasiones.

Miré a Rute. No hizo falta hablar demasiado. Sabía lo que pensaba. Tres sorbos rápidos a la birra y una nueva y fugaz exposición del rostro con los ojos cerrados hacia el sol. La maleta me esperaba en casa.



(señores pasajeros con destino Eslovaquía, rogamos embarquen por la puerta número...)
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