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18 junio 2013

Día 770. Esta sinfonía me suena

(malas imitaciones musicales y hermosas carrozas sin burgueses...)



Su sonrisa se fue apagando al mismo tiempo que los primeros paraguas se iban abriendo. Pero ahí se mantuvo. Sin moverse y ataviado con su traje de época, aquella época donde los palacios y castillos eran coto privado. Resulta curioso que sirvan ahora esas ostentosas y pomposas fachadas de tela para ganarse unas monedas y no para diferenciar clases.

A los pies de la fortaleza de Hohensalzburg , pese a la persistente lluvia, el circo alrededor de la figura de Mozart seguía funcionando. ¿Perfume?  ¿Camisetas? ¿Tazas para el desayuno? Piensa en un souvenir con la cara del compositor estampada en él y acertarás. El negocio de Salzburgo, anzuelo de miles de turistas con ganas de demostrar que ellos estuvieron allí, donde nació aquel cuyas sinfonías sonaban a poesía.

Salzburgo no vive ajena a todo esto. En la ciudad parecen quedar ya muy lejanos aquellos años donde no había el asfixiante bombardeo mediático del negocio. Pero, ¿Cuál de las capitales europeas queda ya sin esta enfermedad? Amante de lo salvaje y caótico, Praga, Venecia o Viena han sido recientes tristes ejemplos de ello. Toca disfrutar de vosotras sin el aroma de los libros de historia. Y se echa de menos. Mucho.


04 marzo 2012

Día 530. Un paseo por las nubes

(un recorrido por la cara sur de Austria que realizé a toda máquina un 16 de febrero de 2012)



El sonido del rápido golpeo de sus dedos sobre el teclado fue la nota predominante a lo largo de toda mi estancia en aquel compartimento. Mientras el tren subía montañas, las bajaba, atravesaba interminables túneles y circulaba a lo largo de viejos puentes de piedra, el chico de pelo rasta y gafas apenas desvió su mirada de la computadora. Incluso cuando saqué la cámara y empecé como un loco a fotografiar el paisaje no tuvo la más mínima curiosidad por saber que me llamaba tanto la atención. Su viaje iba por otras vías.






Por mis vías, el tren llegaba por momentos a tocar las nubes. Enormes masas verticales de roca se alzaban a mi alrededor desafiando en ocasiones las leyes de la gravedad, vestidas de blanco en su mayoría, pobladas de vegetación y salpicadas con pequeños refugios de otras épocas. Cada cierto tiempo el camino se compartía con un río, salvaje, no muy ancho pero de vivas aguas, que iba abriendo camino entre aquellos gigantes.



Gigantes que un día alguien llego a bautizar con el nombre de Alpes. Importante cadena de montañas situada en Europa central, los Alpes Orientales abarcan la cordillera hacia el este y el sur, es decir, el Tirol, los Alpes Julianos y los Dolomitas, llegando las últimas elevaciones en esta dirección hasta las primeras de otro gran macizo, los Cárpatos.

La mayor parte del territorio (un 70%) de Austria queda dentro de la sección oriental de los Alpes. Estos Alpes orientales que van desde el Rin superior hasta la llanura húngara cruzan el territorio de oeste a este y alcanzan alturas de más de 3.000 metros.





Llegó un momento que el click de mi cámara empezó a hacerle la competencia al tecleado de mi joven acompañante.

El viaje desde Bratislava a Liubliana llega a resultar más complicado de que puede mostrar un mapa. Teniendo que hacer escala en Viena, el trayecto en tren dura desde la capital eslovaca unas siete horas y media, pero recibes a cambio un hermoso premio para la vista, que no es otro que poder vislumbrar a través de la ventanilla la cara sur de los Alpes, uno de los más bellos escenarios montañosos del planeta.



(la velocidad del tren, el reflejo del sol y la suciedad del cristal hicieron estragos en las fotos, no pudiendo publicar en el blog ni una décima parte del increíble atractivo de este paraje; toca echarle un poco de imaginación)

26 febrero 2012

Día 529. Vía Viena

(mañana-tarde-noche de maletas, de aquí para allá...)



Hay lugares que parecen marcados con una equis en tu vida. Quieras o no, pareces destinado a recorrer sus calles y esperar en sus estaciones. El año pasado ya me ocurrió con Londres, y esta temporada Bratislava, Kosice y Budapest se empezaron a unir a la lista de “tengo que pisarte una y otra vez”. Hay lugares situados en medio de todas partes, que no esperan a nadie pero son punto de encuentro de todos.






Esta vez el turno es para la empalagosa ciudad de palacios y realeza llamada Viena. No es la primera ni la segunda vez que se cruza en mi camino. Cerca de dos de sus más concurridas estaciones de tren se encuentra el Palacio de Belvedere, que te recuerda una y otra vez mientras esperas en el andén el baño de oro y joyas al que fue sometida la capital en su época más esplendorosa.




Unos cuantos minutos de espera y esa visión termina en tu memoria como su reflejo en el estanque, dulce y difuminada. Aguardan otros destinos igual de sabrosos bajo el telón de la capital austriaca. Primero recorriendo medio país en su legendario ferrocarril y luego bajando al sur, a tierras eslovenas y croatas, sin olvidar a la más guapa de todas las italianas, Venecia. Promete ser un viaje muy lindo.



(todas estas fotos del Palacio de Belvedere fueron tomadas en octubre, pero por descuido del aquí presente han permanecido a las sombras hasta ahora; no volverá a pasar)

20 noviembre 2011

Día 416. La sonrisa de Austria

(el tren de la bruja tuvo la culpa que este post no llegará puntual un 27 de octubre de 2011...)



La gran nube rosada de azúcar ya está en sus manos. El ímpetu con el que lanza el primer bocado y la sonrisa que refleja su rostro después lo dicen todo.
El puesto de algodón dulce es a esa hora del día uno de los lugares más concurridos por niños y adultos. Justo a su espalda, la vidente observa desde su negocio el éxito de su vecina entre miradas furtivas, mientras a su izquierda la enorme cara de un payaso de plástico parece contener la risa.







Gritos y risas se entremezclan en el ambiente festivo. Gritos provenientes de casas encantadas, oscuros rincones cargados de monstruos y espíritus. Risas provenientes del teatro, donde cómicos tropiezan una y otra vez sobre un escenario con la misma piedra. Sonidos que se contradicen, y que rompen el silencio de los nuevos pasajeros de la torre Elevator, que tienen un ojo puesto en su cinturón de seguridad y otro en la enorme estructura que en breve les hará tocar el cielo.






Existen diferentes formas de tocar el cielo en Viena. Probablemente la forma mas placentera sea entrando en una de esas vetustas pero adorables góndolas coloradas de la noria más conocida de Europa (con permiso del London Eye), Riesenrad.

Wiener Riesenrad fue una de las primeras norias que se construyeron en el mundo. Atractivo turístico, estaba considerada la noria más alta existente hasta 1985. Originalmente, la noria contaba con 30 góndolas, pero debido a los daños ocasionados durante la Segunda Guerra Mundial, durante la reconstrucción, sólo se recolocaron 15 de estas cabinas.





Uno de los parques de atracciones más famosos de Europa es Prater, localizado en Viena, en el segundo distrito, Leopoldstadt. Además de su famosa noria, el parque cuenta también con otras atracciones como montañas rusas, tiovivos, o coches de choque. La mascota del parque es Calafati, una escultura de un hombre chino de nueve metros de altura, que se encuentra junto a la noria.

No es necesario pagar para acceder al parque, sino que se paga en cada atracción, generalmente gestionadas por familias locales.







Lejos de atragantarme con mas palacios y ostentosos edificios, en mi segunda visita a Austria decidí sacar el niño que llevo dentro y adentrarme en este singular mundo, ese que hace no tanto nos hacía perder el sueño de noche para andar soñando de día.




(sigue dándote paseos gratuitos en este tiovivo de fotos pinchando, como siempre, AQUI)

19 noviembre 2011

14 octubre 2011

Dia 379. Bella fuente

(aires de realeza que impidieron que este post llegara a sus pantallas un 20 de septiembre de 2011)




Son muchos los cuentos y las historias de fantasía que juegan con el efecto del reflejo del agua. Porque pese a tener una explicación científica, no deja de ser un efecto mágico.

Antes de subir la cuesta que lleva a las que, posiblemente, sean las mejores vista de Viena, un extenso estanque presidido por multitud de viejas esculturas, más próximas a Dioses que a seres terrenales, juega con la imaginación de aquellos que pasan por sus cercanías, mostrando en sus cristalinas aguas otro cielo, otros jardines igual de bellos que los que les rodean, y otro palacio capaz de enamorar a la mas ambiciosa princesa. Decide tú con cual de ellos te quedas, el que mantienes a tu espalda, o el que parece cobrar vida en el estanque, quitándote y devolviéndote la visión. Yo lo tengo claro.






Arriba, en lo alto de la colina, después de atravesar una alfombra verde que recubre todos los alrededores, una nueva fuente a los pies de una impresionante puerta formada por once arcos recibe a los visitantes. Y por supuesto, otro cielo y otra puerta que te esperan en el agua.




Pero pese a existir otra realidad paralela en diversos puntos de la visita, no se dejen engañar, busquen el origen, una realidad que no pierde un ápice de belleza, con un edificio sólo al alcance de unos cuantos elegidos y unos jardines y arboleda donde el tiempo parece no avanzar. Es un buen momento para perderse entre ese laberinto de vegetación y dejar escapar el día.







Traducido su nombre como “bella fuente”, el Palacio de Schönbrunn (también conocido como el Versalles vienés) es uno de los principales edificios históricos y culturales de Austria. Atracción turística de Viena, su fama le ha hecho aparecer en muchos documentales y diversas películas.

Su historia empezó a forjarse en el siglo XVI, cuando uno de los emperadores de la época hizo construir un pequeño palacio de caza. A partir de ahí, con el paso de los años el palacio mejoró sus condiciones notablemente, ampliándose, llegando a ser residencia veraniega de los Habsburgo prácticamente hasta el final de la monarquía a comienzos del siglo pasado. La mayor parte de la decoración interior del palacio tiene su origen en esta época y es una de las pocas muestras existentes del llamado rococó austríaco.








Eternos bailes de salón, risas entre interminables jardines, noches bajo el embrujo de una luna que parece sólo brillar para ti… una vida tan placentera que termina por confundir cual de las dos imágenes es más real, la que dejo a mi espalda, o la que veo reflejada en el agua.




(últimos días en compañía de mis padres y mi hermano, que han hecho que mis primeros pasos por estas tierras hayan sido mucho más fáciles; hora de coger la maleta y tirar para el este, pero esta vez sólo; les dejo mientras con todas las fotos de este día pinchando AQUÍ)
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